Magia en el Amazonas

Pescamos diversas especies en varias modalidades en un ámbito que brilla por si mismo.

Todo es vida, exuberancia, desmesura, es que la amazónica es la cuenca hidrográfica más grande del mundo. Con casi siete millones de kilómetros cuadrados (dos veces y media la superficie de la Argentina) contiene y conduce por distintos arroyos y ríos algo así cómo una quinta parte de toda el agua dulce del planeta. La profusión de especies animales, aves, peces, anfibios e insectos es asombrosa e inconmensurable.
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Todo este gran ecosistema presenta particularidades, diferencias y rincones que son una delicia para el amante de la naturaleza y de la pesca. El Iténez-Guaporé no es la excepción, se trata un curso singular que nace en la Serra dos Parecis en Mato Grosso y curiosamente corre hacia el sur para dar una gran vuelta y discurrir hacia el norte y noroeste constituyendo la frontera de Brasil y Bolivia para luego de 1.530 km terminar vertiendo sus aguas al río Mamoré, que después de su confluencia con el Beni conforma el gran río Madeira, principal afluente sur del Amazonas.

Las aguas del Guaporé no son tan cristalinas, ni de PH tan ácido (entre 6,3 a 6,8) como otros ríos amazónicos que rondan un PH de 5, eso hace que tengan mejores condiciones para la vida, que sean más productivas y con suficiente claridad como para la pesca con artificiales (señuelos y moscas).
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Es notable la cantidad de aves piscívoras en sus playas y en sus costeros, eso da la pauta de que el río sustenta una gran cantidad y diversidad de vida. Con Piccino Gemma cómo mentor y organizador de esta expedición, y conformando un grupo de 10 pescadores, abordamos la cuenca amazónica vía Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), más directo y más económico que por el lado brasileño. Para llegar al confortable barco Majestic, que sería nuestro hogar por una semana, debimos hacer unos 500 km en avioneta y cruzar la frontera en botes por la base Ramón Darío Gutiérrez en el Beni boliviano dónde aterrizamos en una pequeña pista de tierra.

Equipos y señuelos utilizados

Las características del río y las especies de peces que alberga hacen que todos los estilos de pesca sean factibles de practicar, tanto spinning, bait cast, jigging, pesca con cebos naturales y hasta fly cast encuentran aquí especies, lugares, momentos y razones de ser. Las potencias de los equipos para la pesca con señuelos artificiales pueden andar en un rango de 12 a 20 libras (1 libra = 0,354592 kilo), compuestos por varas de acción rápida para tener buena efectividad en la clavada y reeles cargados con nailon monofilamento del 0,37 a 0,40 o hilo multifilamento de unas 20 libras.
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Si bien hay especies de dientes filosos no es imprescindible utilizar líderes de acero y un terminal de fluorocarbono del 0,60 resulta efectivo. Las pirañas son los únicos peces con dientes realmente cortantes y como tienen una mordida pequeña difícilmente lleguen al líder ya que la mayoría de los artificiales son imitaciones de los peces forrajeros que son bastante estilizados y largos.
Los señuelos de superficie, sub superficiales y de media agua rinden con unas cuantas especies cazadoras. El pez distintivo de la cuenca y uno de los más deportivos es el tucunaré, que de las muchas subespecies, la que predomina en el Guaporé es la del Amarelo (Cichla pleiozona), un pez de inusitada furia a la hora de atacar un señuelo y extremadamente potente en su lucha defensiva, que generalmente se lo encuentra en lugares costeros intrincados, entre palos, ramas y obstáculos, lo que dificulta los lanzamientos y acrecienta las emociones una vez prendido.
Una de las claves es buscarlo en las aguas mansas de las bahías interiores bien pegado a la orilla. El señuelo debe caer a centímetros del enganche, eso hace que para tener éxito haya que ser certeros en el lance. Atacan tanto por cuestiones alimentarias cómo por irritación ante lo inesperado que invade su territorio o la zona de protección de sus crías. Los señuelos de superficie sonoros y que baten agua, como sticks o pencil poppers, o artificiales con hélices y rattles logran desencadenar furiosas arremetidas.

Muy combativas

En este ámbito los tucunarés no pasan de los tres y como máximo cuatro kilos, pero compensan tamaño con fiereza y si se los captura con equipos livianos o de mosca la satisfacción se incrementa en forma exponencial. Equipos de fly de potencia #7 a #9 puede cubrir toda la gama de posibilidades con tucunarés y otras especies, como jacundás (Chrenicichla sp.), traíras (Hoplias sp.), corvinas (Plagioscion squamosissimus) y cachorras (Hydrolycus scomberoides), todos habitantes frecuentes de estas aguas. Las líneas de mosca son básicamente de flote y con protección UV para soportar el clima tropical. Los patrones de moscas pueden ser bien variados, desde poppers de pelo de ciervo o goma EVA, para tucunarés y traíras, hasta estrímeres largos preferentemente en colores claros para el tucunaré y corvina (blanco, blanco con celeste, blanco y amarillo, amarillo y naranja, blanco y chartreuse), y más oscuros para las cachorras. Es importante que tengan ojos (más allá de si son lastrados o meramente de vista), ya que se trata de un factor de estímulo y atracción para las especies cazadoras.
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Un pez con extraordinarias dotes deportivas que abunda en este río y que vale la pena dedicarle tiempo y oponerle equipos livianos –incluso de mosca– es la pescada o corvina de agua dulce, que se la encuentra en sectores de agua corriente y también en algunos pozos donde, incluso, se la puede capturar con jigs. Cuando se da una en un lugar, conviene insistir por que suele estar acardumada y es factible dar con varias más. Ataca tanto en profundidad como a media agua artificiales de natación regular y no demasiado rápidos, lo mismo vale para los jigs y las moscas. La pelea de la corvina
es muy atractiva con embestidas, cambios de dirección y hasta
saltos fuera del agua.

Otras especies

Hay también mucho cachara (Pseudoplatystoma fasciatum, lo que nosotros conocemos como surubí rollizo o pirá pará), y curiosamente no busca los sectores profundos, sino las playas y bancos de arena o las salidas de las correderas, es que los delfines de agua dulce (botos) copan el medio del río y los canales desplazando un poco a cacharas y capararís (Pseudoplatystoma tigrinum, otra variedad de surubí presente). Por esta razón es que se pueden capturar estos silúridos tanto con carnada natural, como con señuelos de spinning y hasta con mosca. En general, no suelen superar los 10 a 12 kilos, pero son muy combativos y por estar en aguas someras llegan a saltar por sobre la superficie en su lucha defensiva.
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Una experiencia increíble

La otra especie de silúridos que no se deja intimidar por los botos y permanece en la hondura es el pirarara (Phractocephalus hemioliopterus), un fortísimo pez de fondo que alcanza portes notables. Es directo y franco para comer, aborda el cebo y enseguida lleva y traga su bocado en forma brutal. Lo que viene después de la clavada es una dura batalla, ya que arremete casi siempre hacia los sectores sucios del río y hay que intentar frenarlo. Los equipos deben arrancar por varas de 6 a 7 pies y de al menos 40 libras de resistencia, de ahí para arriba, con carretes rotativos grandes cargados con nylon del 0,50 al 0,60 o multifilamento de unas 50 a 60 libras. El aparejo de un solo anzuelo Nº 8/0 a 10/0 va vinculado al nailon que viene del reel con un líder de acero multifilamento de 40 a 50 libras, con un plomo pasante de 30 a 50 gramos enhebrado en el sedal para que el encarne, que puede ser media piraña o una cabeza de tararira, profundice bien.
Una semana viviendo en el río mismo donde se pesca da para vivir una larga serie de experiencias. Todo es intenso, desmesurado, bello, un río para dejarse llevar por sus corrientes suaves y fondearse en sus correderas. Para disfrutar sus remansos, curvas, desentrañar sus secretos y capturar así las más variadas y mejores emociones, esas que sobrenadan la amazonia a merced de nuestros mejores anhelos.

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FUENTE: WEEKEND

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